miércoles, 5 de octubre de 2016

Si los Niños reciben amor y compresión harán lo mismo de grande

Estudios científicos serios han demostrado que hay cantidades de personas que sufren una gran serie de mutilaciones psicológicas. Existe demasiada gente desdichada que no ha conocido un desarrollo afectivo o social normal, un desarrollo integral. Muchas de las neurosis de los adultos, escuche usted, provienen de traumas padecidos generalmente durante los seis primeros años de la vida. Entonces, esas experiencias no aceptadas o bloqueadas pero activas, pesan sobre el adulto y le hacen mucho daño. Por eso, los psicólogos hablan de la importancia de los primeros años de existencia de los seres humanos.
Es importante estudiar cómo los padres están formando a sus hijos, porque esto es vital para su desarrollo y nos interesa muchísimo. Muchos papás no se dan cuenta de la importancia que tienen los primeros años de sus hijos y muchas veces, sin querer, desarrollan en ellos graves problemas que les afectan para el resto de sus vidas. A los hijos hay que educarlos para la libertad, para que sean ellos mismos y puedan valerse por sí mismos en el futuro. Por eso es tremendamente importante que los papás sean conscientes de cómo están educando a sus hijos.

Darnos cuenta de esto nos ayuda a ser conscientes del papel tan relevante que tiene amar a nuestros hijos y educarlos desde el respeto, la empatía, la expresión y la comprensión de sentimiento, el control del enfado, la capacidad de adaptación, la amabilidad y la independencia.

El niño, para crecer y desarrollarse plena e integralmente, necesita amor. Para amar y aceptar a los demás, hay que haber sido amado y aceptado, haber sido llevado uno a amarse y aceptarse a sí mismo. Un niño que no ha sido amado es un ser que no ha despertado, que no tiene derecho ni lugar en el mundo, ni desarrolla interés en la vida. Así se siente él. Los niños que no han sido amados, muchas veces, se convierten en personas egoístas, se consideran como el centro del universo y lo quieren acaparar todo. Pero es que en el fondo sienten que no tienen sitio en ninguna parte. Pobres los egoístas. Generalmente han sido niños poco y pobremente amados.

En cambio, el niño que ha conocido y recibido amor, que ha sido totalmente aceptado, comprendido, protegido, y a quien se le ha revelado su valor profundo, puede llegar a ser un adulto seguro de sí mismo y generoso. Una persona así perseguirá incansablemente en la vida la búsqueda de la felicidad y la construcción de una vida nueva y lo llegará a realizar.
Los padres que aman a sus hijos creen en ellos. Los papás que no crean en las infinitas posibilidades de bien que se encierran en el corazón de sus hijos no los aman. Esos padres no pueden amar porque no tienen suficiente fe y valor para amarlos. Cuando los hijos no se sienten amados, se sienten desgraciados y entonces vuelven su mirada hacia la calle, buscando afuera al amigo, a alguien que los quiera y crea en ellos. Sólo crecerán auténticamente integrados si crecen siendo verdaderamente amados.

Por otra parte, el niño necesita autoridad tanto como amor. La firmeza de sus papás es tan indispensable para su sentimiento de seguridad como el amor. El niño quiere y necesita la autoridad. Ésta le asegura y le estimula. Si es tan grande el número de muchachos nerviosos se debe a que no han gozado del sostén de una autoridad auténtica, que les exija responsabilidad de sus actos, cumplimiento del deber, y dar lo más que pueden de sí mismos.

Los niños necesitan una autoridad que sea justa, que alabe y estimule pero que también corrija a tiempo. Necesitan una autoridad que se preocupe por ellos y les ayude, con sinceridad, a superar obstáculos y corregir defectos. Los niños y los muchachos necesitan saber que existe alguien, papá y mamá, cuya palabra es palabra que se da y se cumple.

 Los padres deben ser justos y buenos pero también exigentes. Es importante que cumplan siempre lo que dicen. La autoridad de los padres no debe ser, por cierto, negada por el otro cónyuge, sino que se debe compartir entre los dos. Los dos deben ponerse de acuerdo para corregir o castigar. Recuerde que los niños necesitan de una autoridad genuina y auténtica, tanto como mucho amor.

En los países más desarrollados se ha descubierto el tremendo fracaso de los planes de crianza científica en centros especializados donde envían a los niños desde muy pequeñitos para recibir una educación, digamos, muy especial y sofisticada. Muchos de ellos crecen con una profunda frustración interna. Resulta que la falta de afecto, de un encuentro con una persona a la que el niño pueda amar y reconocer como algo muy íntimo y sentirse amado por esa persona provoca dramas tremendos en su ser.


En esos países, se ha vuelto a insistir mucho en la profunda necesidad del niño de tener a su madre y a su padre al lado y poder experimentar el calor humano, maternal y paternal, el roce físico, el abrazo, las palabras tiernas y el amor profundo. El niño necesita todo eso para crecer bien a un nivel profundo.

Fuente: el post completo y original lo puedes consultar en desdecuba

¿Cómo nos habla el síntoma?

¡Hola! Yo tengo muchos nombres: dolor de rodilla, grano, dolor de estómago, reumatismo, asma, mucosidad, gripe, dolor de espalda, ciática, cáncer, depresión, migraña, tos, dolor de garganta, insuficiencia renal, diabetes, hemorroides, y la lista sigue y sigue.
Me he ofrecido como voluntario para el peor trabajo posible: ser el portador de noticias poco gratas para ti. Tú no me comprendes, nadie me comprende. Tú piensas que quiero fastidiarte, echar a perder tus planes de vida, todos piensan que quiero entorpecerles, hacerles daño o limitarles. Y no, eso sería un completo disparate. Yo, el síntoma, simplemente intento hablarte en un lenguaje que comprendas. Que entiendas.

A ver, dime algo, ¿Tú irías a negociar con terroristas, tocando a su puerta con una flor en la mano y una camiseta con el símbolo de “paz” impreso en la espalda?. ¿No verdad?


Entonces, por qué no comprendes que yo, el síntoma, no puedo ser “sutil” y “suavecito” cuando debo darte el mensaje. Me golpeas, me odias, con todo el mundo te quejas de mi, de mi presencia en tu cuerpo, pero no te tomas ni un segundo en razonar y tratar de comprender el motivo de mi presencia en tu cuerpo.

Sólo te escucho decirme: “Cállate”, “vete”, “te odio”, “maldita la hora en que apareciste”, y mil frases que me hacen impotente para hacerte comprender. Pero yo debo mantenerme firme y constante, porque debo hacerte entender el mensaje.

¿Qué haces tú?

Me mandas a dormir con medicinas. Me mandas callar con tranquilizantes, me suplicas desaparecer con antiinflamatorios, me quieres borrar con quimioterapias. Intentas días con día, taparme, sellarme, callarme. Y me sorprende ver que a veces, hasta prefieres consultar brujas y adivinos para que de forma “mágica” yo me vaya de tu cuerpo.

Y yo, cuando mi única intención es darte un mensaje, soy totalmente ignorado.

Imagínate que soy esa alarma con sirena en el Titanic, esa que intenta de mil formas decirte que de frente hay un Iceberg con el que vas a chocar y hundirte. Sueno y sueno por horas, por días, por semanas, por meses, por años, intentando salvar tu vida, y tú te quejas porque no te dejo dormir, porque no te dejo caminar, porque no te dejo trabajar, pero sigues sin escucharme.

¿Vas comprendiendo?
Para ti, yo el síntoma, soy “La Enfermedad”
Qué cosa más absurda. No confundas las cosas.
Y vas al médico, y pagas por docenas de consultas médicas.
Gastas dinero que no tienes en medicamento tras medicamento. Y sólo para callarme.
Yo no soy la enfermedad, soy el síntoma.
¿Por qué me callas, cuando soy la única alarma que está intentando salvarte?


La enfermedad, “eres tú”, “es tu estilo de vida”, “son tus emociones contenidas”, eso sí es la enfermedad.

Y ningún médico aquí en el planeta tierra, sabe cómo combatir enfermedades. Lo único que hacen es combatirme, combatir el síntoma. Callarme, silenciarme, desaparecerme. Ponerme un maquillaje invisible para que tú no me veas.

Y sí, está bien si ahora que lees esto, te sientes un poco molesto sí. Esto debe ser algo como un “golpazo a tu inteligencia”. Está bien si por ahora te sientes un poco molesto o frustrado. Pero yo puedo manejar tus procesos bastante bien y los entiendo. De hecho, es parte de mi trabajo, no te preocupes. La buena noticia es que depende de ti no necesitarme más. Depende totalmente de ti, analizar lo que trato de decirte, lo que trato de prevenir.

Cuando yo, “el síntoma”, aparezco en tu vida, no es para saludarte, no. Es para avisarte que una emoción que contuviste dentro de tu cuerpo, debe ser analizada y resuelta para no enfermarte.

Deberías darte la oportunidad de preguntarte a ti mismo: ¿por qué apareció este síntoma en mi vida?, ¿qué querrá decirme?. ¿Por qué está apareciendo este síntoma ahora?. ¿Qué debo cambiar en mí para ya no necesitar de este síntoma?.
Si dejas este trabajo de investigación, sólo a tu mente, la respuesta no te llevará más allá de lo que has hecho años atrás. Debes consultar también con tu inconsciente, con tu corazón, con tus emociones.

Por favor, cuando yo aparezca en tu cuerpo, antes de correr al doctor para que me duerma, analiza lo que trato de decirte, de verdad que por una vez en la vida, me gustaría ser reconocido por mi trabajo, por mi excelente trabajo. Y entre más rápido hagas conciencia del por qué de mi aparición en tu cuerpo, más rápido me iré.

Poco a poco descubrirás, que entre mejor investigador seas, menos veces vendré a visitarte. Y te aseguro que llegará el día en que no me vuelvas a ver ni a sentir. Al mismo tiempo que logres ese equilibrio y perfección como “analizador” de tu vida, tus emociones, tus reacciones, tu coherencia, te garantizo que jamás volverás a consultar a un médico ni a comprar medicinas.

Por favor, déjame sin trabajo. O ¿piensas de verdad que yo disfruto lo que hago? Te invito a que reflexiones, cada que me veas aparecer, el motivo de mi visita. Te invito, a que dejes de presumirme con tus amigos y familia como si yo fuera un trofeo.

Estoy harto de que digas: “Ay pues yo sigo con mi diabetes, ya ves que soy diabético”.”Ay pues ya no aguanto el dolor en mis rodillas, ya no puedo caminar”.”Siempre yo con mis migrañas”. Me presumes como si yo fuera un tesoro del cual no piensas desprenderte jamás.

Mi trabajo es vergonzoso. Y te debería dar vergüenza presumirme ante los demás. Cada que me presumes, realmente estás diciendo: “Miren que débil soy, no soy capaz de analizar ni comprender mi propio cuerpo y mis propias emociones, no vivo en coherencia, ¡mírenme, mírenme! “

Por favor, haz conciencia, reflexiona y actúa. Entre más pronto lo hagas, más rápido me iré de tu vida.

Si dejas el trabajo sólo a tu mente, la respuesta no te llevará más allá de lo que lo ha hecho años atrás. Sin embargo, si preguntas a tu subconsciente, a tu corazón, obtendrás respuestas muy claras que verdaderamente te ayudarán a continuar adelante.

ATTE: El síntoma

Fuente: el post completo y original lo puedes consultar en consejosdelconejo
Extracto del libro "Un Curso de Sanación”

Cuando somos más felices con tiempo o dinero?

Si usted ya es mayor de edad y tiene responsabilidades o ha empezado a manejar el dinero en grandes cantidades, gastos o inversiones, sabrá que en ocasiones más del 50% del tiempo de sus preocupaciones giran entorno a él. Y es que, aunque cuando tenemos varias deudas y la remuneración no alcanza para completar las necesidades del mes, la única consolación que nos queda es que más allá del dinero tenemos momentos y personas cercanas que nos ayudan a olvidarnos de él.  
Pensar en los hijos, la pareja o los papás, son una forma de evadir los problemas y de creer de verdad que existen cosas aún más importantes que tener el bolsillo lleno de “billetes verdes”. Sin embargo, cuando pensamos en  pasarla bien y hacer sentir bien a esas personas que les guardamos tanto cariño, nos damos cuenta que hasta para invitar a un helado requerimos de dinero, que muchas de las discusiones en pareja que llevan incluso al divorcio se dan también por no tenerlo, por no generar, brindar o tener una calidad de vida o bienestar que se ha pensado tiene que ver con la “riqueza”.

¿Qué dicen los estudios?

El dinero puede que no sea la decisión más correcta al momento de pensar tomar un camino que conduzca a la felicidad. Un proyecto de investigación publicado por The New York Times en un artículo de opinión de Hershfield y Cassie Mogilner Holmes, se hizo una encuesta a cerca de 4.000 estadounidenses con y sin hijos de distintas edades, diferentes ingresos, ocupaciones y estado civil, en el que se encontró que el 64% de los encuestados respondió que la mayoría de las veces le daban más valor al dinero que al tiempo.

FP Recomienda: La verdadera razón por la que “la embarra” tanto con el dinero
Sin embargo, se les preguntó también a los encuestados acerca de su felicidad y la satisfacción en su vida.  Aquí se descubrió que, aunque la gente le daba más importancia al dinero, quienes optaron por el tiempo son quienes están más felices y satisfechos con su vida. Ahora, puede que usted esté pensando que los resultados también pueden explicar que quienes respondieron que le dan más al valor al “dinero” son personas con recursos limitados que se sienten infelices y que creen que esa es su solución.

Pero, pensando en esta posibilidad, el estudio tuvo en cuenta los ingresos y la cantidad de horas de trabajo que emplean los familiares por semana, con la finalidad de saber qué tanto tiempo tenían para aprovechar sus momentos libres. Y los resultados, fueron que aun así la gente que seguía prefiriendo el tiempo por encima del dinero  seguía siendo más feliz.

Por otro lado, The New York Times habla de otro estudio que analiza la relación entre riqueza y felicidad, en la que se evidenció que efectivamente entre mayor es el ingreso económico mayor es la felicidad que sienten las personas. Solo que en comparación al primer estudio se encontró que quienes eligieron el dinero, eran mucho más propensos a obsesionarse con tener cada vez más y más porque creen que nunca tienen el suficiente, mientras quienes optaron por el tiempo, pensaban más en, qué hacer con él y en qué  invertirlo, como por ejemplo, en cosas que querían, más no las que necesitaban.
Qué hacer para aprovechar el tiempo

Si usted leyó con atención y además decidió considerar que definitavamente el tiempo le va ayudar no solo a encontrar su felicidad sino que también a estar más tranquilo y aprovechar al máximo de diferentes espacios solo o en compañía, entonces deberá poner en práctica algunos de estos consejos científicos  propuestos por la página web Inc.com:

Tome tiempo para dormir: cuando usted toma un descanso, unas horas en las que se profundiza en un sueño profundo, su cuerpo se recupera y se prepara para ser más productivo al día siguiente, por esto cuando usted amanece con mal ánimo y llega así a su trabajo lo más posible es que esté todo el día molesto y descontento con su entorno.

De acuerdo con el libro NutureShock de Bronson y Ashley Merryman, la manera en como el sueño afecta a la felicidad es la siguiente: si usted pasa por una mala situación, son las amígdalas las que procesan dicha experiencia y si son recuerdos positivos, la tarea es del hipocampo. Sin embargo, cuando usted duerme muy poco y se priva del sueño, lo que sucede es que se ve afectado el hipocampo, generando que la persona no recuerde los momentos agradables sino que se quede con los negativos.

Tome tiempo para su familia y amigos: se ha preguntado ¿quién es la persona que suele estar a su lado ante cualquier adversidad? Por lo general, después de que pasamos por varios problemas o muchos conocidos nos han quedado mal, nos damos cuenta que quienes nunca nos abandonan son nuestros familiares y en primer lugar, nuestros padres. Por esa simple pero tan sencilla razón es que es muy importante mantenerse en contacto con ellos, saber cómo están y dialogar sobre las particularidades del día.

El tiempo que se toma para pasar con familia y amigos mejora la felicidad hasta de aquellas personas que suelen ser introvertidas. Por ejemplo, el estudio Terman del proyecto de longevidad, encontró que las relaciones eran tan importantes que ayudaban a tener una vida larga, sana y feliz.

Tome tiempo para salir al aire libre: salga de ese ambiente rutinario y sofocante, desde el espacio para pensar en cosas diferentes a los problemas del trabajo e incluso los disgustos del hogar. Shaw Acor, en su libro La Felicidad Advantage, afirma que esto mejora su felicidad porque le permite tener un día agradable y le  ayuda a tomar buenas decisiones. Lo ideal es tomarse 20 minutos  en un espacio abierto y con clima favorable para cambiar de ánimo, ampliar el pensamiento y mejorar la productividad. De acuerdo con un estudio del Reino Unido de la Universidad de Sussex las personas son más felices si salen a respirar del aire libre en entornos naturales que en entornos urbanos.

Tome tiempo para ayudar: Practíquelo, es un fresquito que se siente cuando usted ve a la otra persona feliz porque usted le hizo un favor, un “gracias” a cambio de una ayuda,  es muy gratificante. De hecho, algunos estudios se han atrevido a poner incluso un número de horas por año, desde 100 a dos horas por semana, el tiempo adecuado para colaborar a los demás.

Tome tiempo para sonreir: todo va en la mente. Por esto las sonrisas deben ser reales para que suban el ánimo, de lo contrario arruinarán su día. Tiene que atraer pensamientos positivos para que esa sonrisa sea natural. De acuerdo con PsyBlog, la sonrisa reduce el dolor a causa de una mala situación, es más el estudio sugiere que hasta cuando sonreímos de manera forzada, es suficiente para levantar ligeramente nuestro estado de ánimo.


Finalmente le dejamos esta frase que le ayudará a reflexionar: “conseguir más dinero es más fácil que conseguir más tiempo”, así que no lo desperdicie. En definitiva: “el tiempo es oro”.


Fuente: el post completo y original lo puedes consultar en finanzaspersonales

Aceptarnos a nosotros mismos, la base para conseguir una buena autoestima

Aceptarse a sí mismo es una de las mejores opciones si deseamos adquirir una autoestima saludable, positiva y, ante todo, claramente beneficiosa para nosotros mismos
No aceptarse a sí mismo ni valorarse como uno es, genera un estado de tensión continua en nosotros mismos, y una predisposición a padecer estrés y ansiedad.

Debemos autoaceptarnos para poder superar esos años de tensión en los que no hemos querido aceptarnos tal y como somos, a pesar de que ésta es una de las elecciones clave que nos ayudarán a mantener una buena salud mental.

Pero para poder aceptarnos a nosotros mismos requiere tomar la decisión de hacerlo, luchar por dejar a un lado los pensamientos negativos que tenemos hacia nosotros, y analizar –con objetividad- la realidad o no de tales pensamientos

¿Acaso son reales y se basan en algo en concreto? Esta es una de las preguntas base que deberemos hacernos para poder comenzar a caminar hacia esa senda de la autoaceptación y la autoestima positiva.

Y es que cuando aceptamos que existe un problema podemos ser conscientes y capaces de ponernos manos a la obra y trabajar en la correcta solución.

Porque, aceptarse a sí mismo, es una de las bases no sólo para querernos a nosotros mismos, sino para que, a su vez, nos quieran las personas que nos rodean.

A partir de ahí, ya habremos dado un paso para tener una autoestima mucho más sana, saludable, y ante todo positiva.

Fuente: el post completo y original lo puedes consultar en naturpsico

Reto para comer de forma más saludable

Confieso que aunque nunca dejo de hacer ejercicio, mis hábitos alimenticios se han ido en picado. Me he dado mis gustos con demasiada frecuencia y en demasiada cantidad, y esto ha evitado que mejore mi condición física. ¡Es hora de hacer un cambio! Yo estoy lista, ¿y tú?
Durante los últimos meses he hecho algunas cosas bien: sigo haciendo ejercicio, tomo suficiente agua y en general evito la comida chatarra.

Sin embargo, no llevo la cuenta de las veces que me he dado mis gustos y que me he excedido.

En realidad, darse un gusto de vez en cuando no tiene nada de malo. ¿Pero en qué momento se vuelve demasiado frecuente? ¿En qué momento se vuelve a caer en los viejos malos hábitos?

Debo admitir que en ocasiones es difícil distinguir cuándo ya he comido lo suficiente, y es en este punto donde creo que ceder a los antojos se ha vuelto un problema.

¿Estoy comiendo porque tengo hambre o porque solo quiero llevarme algo a la boca? ¿En realidad se me antoja comer eso o lo hago solo porque los demás lo hacen también? ¿Está bien que coma todo lo quiera cada fin de semana?

Me parece que me he empezado a hacer estas preguntas, es porque no he estado comiendo de forma tan saludable como creía.

¡Por eso, decidí empezar este reto!


Reto Cero Chatarra
Se ve sencillo, pero estoy segura de que no será fácil. Durante 4 semanas voy a evitar la comida chatarra.
  • En vez de comer chatarra, voy a reforzar los buenos hábitos que he descuidado:
  • Tomar de 6 a 8 vasos de agua al día.
  • Comer por lo menos una porción de verdura o fruta y una de proteína en cada comida.
  • Hacer 30 minutos de ejercicio al día.
  • Dormir de 6 a 8 horas cada noche.
  • Evitar permanecer sentada más de 2 horas.
  • Hacer rutinas de ejercicio divertidas y motivantes.
  • Me siento con muchas ganas de cuidarme mejor. Estos últimos seis meses han sido difíciles para mí, física y emocionalmente, y mi cuerpo y mi salud han resentido los cambios.
  • Me siento pesada, inflamada, y con mala digestión.
  • Soy consciente de que debo empezar a tomar mejores decisiones con respecto a mi alimentación o de lo contrario empezaré a recuperar los kilos perdidos.
  • Quiero volver a sentirme saludable y llena de energía.
  • Necesito ponerme un reto o no voy a poder hacer ningún cambio.
  • ¡Estoy lista para comenzar! ¡Y hoy es un buen día para hacerlo!
  • ¿Te gustaría unirte a este reto? Publicaré mis avances cada semana.
  • ¡Vamos a apoyarnos y a motivarnos juntos!
Fuente: el post completo y original lo puedes consultar en mamimaravilla

martes, 4 de octubre de 2016

Evita juntarte con gente tóxica, tu salud lo agradecerá

A todos nos gusta la gente auténtica, la que actúa desde el corazón, la que vibra con sus sueños, la que asume la responsabilidad de sus decisiones y de sus actos. No nos gusta tener que decir a nadie lo que tiene que hacer ni andar huyendo de los comentarios malintencionados que solo buscan destruir.
Nos gustan las personas que son justas y agradecidas, las que no buscan recompensas fuera de sí mismas, las que actúan de manera desinteresada, las que confían en nosotros y nos animan a perseguir nuestros sueños.

No, no es fácil lidiar con gente que desde su maldad viene a provocar una catástrofe en nuestra vida. Resulta muy complicado colgar un cartel en la relación cuando las intenciones están enmascaradas y los sentimientos nos ciegan.
Por inexplicable que nos parezca, solemos vivir sometidos a estas relaciones porque relegamos de puesto a nuestra mente y no la dejamos trabajar sin el estorbo de las expectativas y de la incredulidad. No nos damos cuenta de que así es imposible poner distancia emocional y comenzar a liberarnos de las malas personas. Por eso es tan difícil este proceso.
Las buenas personas son las realmente importantes en nuestra vida
La gente de la que nos gusta rodearnos conoce el valor de la alegría y de la tristeza, procura no lastimar ni herir a los demás, regala sonrisas y ofrece su oxígeno cuando alguien se queda sin aire.

Las personas que nos gustan contagian sinceridad y hablan con franqueza, son fieles y leales, y persisten para alcanzar sus sueños. Son personas de las que nos encanta rodearnos porque juegan con valores que nos hace sentir bien y sanan las heridas del pasado.

Aquellas personas son las que crean la alegría y hacen morir a la pena, las que no se avergüenzan de reconocer sus defectos, las que aceptan sus errores y aprenden de ellos. Son esas personas las que nos abrazan y recomponen nuestras partes rotas, haciendo que nuestros males se diluyan en el mar del olvido.
Ellas se resisten a los juicios y permiten que les muestres tu historia, ignoran los rumores y no se inventan tu vida. Son aquellas que se desatan de las habladurías a pesar del esfuerzo que supone, “que tienen personalidad” y que actúan con coraje ante las injusticias.
Las personas de las que merece la pena rodearnos son aquellas que hablan el idioma de la sensibilidad, las que son solidarias, buenas y respetuosas, las que no intoxican nuestra vida, las que conocen los buenos valores y los practican.

Sabemos que podemos confiar en ellas porque actúan desde la humildad, con tacto y con agradecimiento ante la vida. Ellas son sabias en sus sueños y se atreven a guiar sus relaciones por el aprecio y no por el interés.


Alejarnos del dolor nos acerca a la felicidad
Merece la pena abrir los ojos ante el mundo y evitar juntarnos con gente que nos apaga la vida y que intenta dificultar nuestra existencia. Tenemos que intentar brillar, encontrar nuestro camino y librarnos de las etiquetas.

Distanciándonos emocionalmente de las personas que nos hieren conseguiremos alejarnos del miedo, del dolor y de la toxicidad. De esta manera, conseguiremos que nuestra autoestima solo dependa de nosotros, evitando dejarla desprotegida y ocasionando que otros nos empequeñezcan.

No se trata de hacerlo físicamente, sino de conseguir una distancia emocional que nos permita ocuparnos de resolver lo que sucede cada día sin amargarnos por intentar adivinar sus próximas intenciones.

Evita los ambientes conflictivos que no conlleven ningún tipo de crecimiento, pues rápidamente se adueñan de nosotros, de nuestra cordura y de nuestra salud emocional. La vida es demasiado corta como para angustiarnos por aquello que pretende dañarnos.

Recuerda que somos nosotros los que ofrecemos validez a las opiniones y los actos de los demás. Por eso, otorga importancia a aquellas personas que te tratan bien y que te quieren. De lo demás procura alejarte sin remordimientos, tu salud emocional lo agradecerá.

Fuente: el post completo y original lo puedes consultar en lamenteesmaravillosa

Las buenas personas escondemos cicatrices en nuestra alma

Las buenas personas llevamos polvos de estrellas en los bolsillos para hacer lo imposible por los demás, para dar alegrías y felicidad, pero a veces, darlo todo a cambio de nada duele, y son muchas las cicatrices que nos esforzamos por esconder…

Estamos seguros de que esta sensación te es conocida. Hay personas que no saben muy bien dónde está el límite entre uno mismo y los demás, y lejos de establecerlo, no diferencian entre lo mío y lo tuyo. O aún más, la única forma en que entienden la vida, es haciendo felices al resto.
Hay cicatrices que uno se esfuerza por esconder, porque recordarlas duelen y hasta humillan, porque nos devuelven a ese momento en que lo dimos todo por alguien, y sólo recibimos vacíos o el pinchazo de la traición.
Las buenas personas no son débiles ni ingenuas, las buenas personas sólo entienden el lenguaje del respeto y el cariño que sabe de humildad y altruismo. Quizá por ello, nunca termina de encajar en un mundo satinado a veces de egoísmos y fugacidad, de emociones que no perduran y promesas que se rompen de un día para otro.

El mundo no es siempre como nosotros desearíamos, ni como lo sentimos desde nuestro corazón. Hay disonancias, y sentimientos desafinados. Por ello, hemos de habituarnos también al caos, y sobre todo, a aprender a decir basta cuando es necesario: cuando se vulnera nuestra autoestima.


Las buenas personas esconden batallas que otros no ven
Las buenas personas son mucho más de lo que muestran. Esconden batallas que sólo ellos conocen, silencian palabras y amarguras selladas con amables sonrisas porque no desean aparentar debilidad, o dirigir sobre otros sus lamentos. Son humildes y cargan sus propios pesos sin rencor.

Las buenas personas escuchan sin juzgar, hablan sin ofender y observan sin despreciar. Tres valores sencillos que esperan que también los demás cumplan, aunque no siempre es así.
Es posible que a más de uno le sorprenda también el término “buenas personas”... ¿Es que no lo somos todos? ¿Es que hay alguien que desee hacer el mal o guste de compartarse de manera dañina? Está claro que no, ahora bien, en este caso, a la hora de definir esa bondad que no sabe poner límites, y que en ocasiones, acaba siendo herida, presenta por lo general estos rasgos:
  • Hay personas que entienden su felicidad dándolo todo por los demás. Atienden y se preocupan de un modo muy profundo por todo aquel que forme parte de su círculo social, y más allá de él. Son muy sensibles también “al dolor del mundo”, a las desigualdades, al sufrimiento ajeno.
  • Esta sensibilidad hace que en ocasiones lleven a cabo acciones que otros no entienden: hacer favores a personas que apenas conocen, o llevar su altruismo a situaciones poco usuales.
  • Las buenas personas rara vez dicen “no” a algo, y no es porque no tengan carácter o no sean asertivos. Es porque, desde el fondo de su corazón, no dudan en invertir tiempo y esfuezos en las personas que se lo piden.
  • Para las buenas personas no hay mayor felicidad que dar alegrías a los demás, que ver sonrisas y sentirse útil, ver que que lo hacen es significativo y enriquecedor.

El principal problema de todo ello, es que son capaces de darlo todo hasta quedar vacíos de fuerzas, alientos y energías. Y lo hacen tan a menudo, que el resto del mundo da por sentado que no necesitan nada, que siempre están dispuestos y que detrás de sus sonrisas, hay más sonrisas… No obstante, no siempre es así.

Porque tras sus rostros despiertos y amables, hay cicatrices. Vacíos de quienes a veces, abusaron de su bondad por egoísmo, de quienes vieron solo los favores, el amor que no pedía nada, y el cariño incombustible… pero no a la persona que había detrás.

Las buenas personas también pueden decir basta
Las buenas personas pueden y deben saber decir “basta” en el momento adecuado, porque en ocasiones, los demás, juegan a deshilacharlas día a día hasta dejarlas desnudas de autoestima, de valores e integridad. No lo permitas, no te dejes llevar hasta el borde del abismo.
Ser bueno no significa que puedas utilizarme para tus propósitos, ni romper mi corazón transparente con tus flechas interesadas. Ser bueno es darte la oportunidad de crecer conmigo, de ofrecerme reciprocidad de caminar de la mano senderos de confianza donde nadie es más que nadie.
En realidad, no es nada fácil poner límites o decir basta cuando llevamos media vida cediendo y dando más de lo que nuestra alma nos permitía. No obstante, debemos tenerlo claro: no somos de hierro ni nuestro corazón una roca. Somos de carne y de emociones, ésas que muchas veces salen dañadas y fragmentadas.
  • Si eres capaz de dar cariño y dedicación por los demás, debes ser capaz también de advertir quien merece tus esfuerzos y quien no.
  • Entiende que nadie es egoísta por priorizarse un poco cada día, por decir “no” a quienes no te tienen en cuenta y te hacen sentir alguien que no eres. Porque quien te manipula con las redes del egoísmo no te aprecia y ni te respeta.
  • Dar felicidad, atención y alegrías a los demás es el valor más noble que existe, ése mismo que a ti te define. No permitas que otros te hagan arrepentirte de lo que eres y lo que sientes.  Se trata solo de poner límites, de cultivar también tu propia felicidad para poder compartirla con los demás.
La vida es demasiado corta para invertirla en quien no te merece, en quien te trae pesares y lágrimas. Porque las buenas personas sólo entienden un lenguaje: el de la alegría y el cariño sincero.

Fuente: el post completo y original lo puedes consultar en lamenteesmaravillosa